Ah, lejana juventud de mis pies,
te estoy llamando y no vienes pueril.
Por ti estoy llorando.
Llorando por mi paso cansino y fatigado
que no se aproxima a cinturas bellas deambulando.
Me siento como un viejo trasto
apenado como orfebre con oro falso,
inútil como el acero doblado.
No respondes, juventud, a mi llamado
como esos años venturosos
que me torcías a los lados
buscando una certera mirada
que asaetara mi blanco.
Me dejas campanas de frío sudario
y el tranco deshonroso,
forzándome a alentar el corazón con ánimo diario.
Qué sabio palpite
más que por una turgencia
de encanto,
con alma pura y sincera
caminando juntos al paso,
envainando cuatro pies en dos zapatos.
