Tres años han pasado, desde el día que perdí a mi primer y único amor, y aún sigo esperando salir de ese desamor. Casi muero en el proceso, casi dejo de respirar, casi pierdo la esperanza de volver a caminar, casi fracaso en el intento: menos mal que no me arrepiento de dejar de luchar. Mi niña salvó la vida y mi niño me mantuvo viva.
Ellos fueron los responsables de que pueda escribir ahora y de que no me hundiese más y más.
Ellos han sido mi salvavidas, mi conciencia para no perderme en el camino que tenía que tomar.
A mí me dejaron de amar por mi culpa, por no saber cuidar lo que tenía y como el buen refrán dice, nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. No cuidé a mi pareja y con el tiempo nos íbamos distanciando pero, yo creía que el amor estaba por encima de todo y que a pesar de todo, nos amábamos, pero me di cuenta demasiado tarde de que el amor que nos teníamos no era suficiente.
A él se le apagó la llama de su corazón y no supe volver a encenderla, insistí, pero su corazón no pudo esperar, estaba cansado, dolido, triste y al final se marchó de mi lado, llevándose consigo mis lágrimas, mis palabras, mis deseos, mi esperanza.
Desde ese momento, comenzó mi tormento, mi camino a solas a lo desconocido, mi gran odisea particular. Cuando nos casamos el cura dijo, que aquello que ha unido Dios, que no lo separe el hombre. Yo hice que ocurriese lo que nos pasó, creía que lo tenía todo y dejé de luchar por lo más importante, nosotros. Durante mucho tiempo todo el mundo me hacía creer que era culpa de él, pero dentro de mí sabía que no era cierto, él siempre me amó, me mimó, me besaba continuamente, me abrazaba, me acompañaba... Y nunca fui tan amante como lo fue el de mí.
Hay que ser responsable con los actos y saber reconocer cuando te has equivocado y tienes que saber verlo tú, no es necesario que los demás te lo digan.
Así que, soy consecuente con lo que pasó y no quiero escudarme en que la culpa fue de él, porque no es así. Por eso desde el día que me dejó, intento ver lo que antes no veía, intento escuchar, donde antes no escuchaba, intento expresar más mis sentimientos para poder aprender de mis errores del pasado. Durante el largo periodo de estos 3 años perdí el rumbo de mi vida, no sabía hacía donde ir, perdí el sentido de la vida. Y ahora después de tanto llorar, gritar, sentir, correr, añorar, me doy cuenta de que puedo llegar a ser yo otra vez, pero con algunos cambios necesarios, para poder seguir en este mundo loco en el que vivimos.
La tierna mirada de mi hija de tan sólo 1 año y medio, con esa sonrisa que limpiaría el alma al más duro hombre de hacer cualquier maldad, se mostró en mi mente el día que intenté quitarme la vida por mi amor, fue lo único que me frenó a no seguir intentándolo, mi niña me salvó de aquella locura, sin darme ni cuenta de lo que estaba haciendo, ella apareció como una imagen divina y me salvó, a ella le debo la vida.
Colaboración de Ramiram
España