I
Más allá de lo que tengo, siempre soñé tener lo que el destino nunca quiso darme. Con lo que tengo me conformo, no lo comprendo y lo acepto. Pero siempre quise escribir la morfología de unas manos que nunca he conocido. Ya, ni conociendo ni teniendo la esperanza de conocer en algún momento, lastro y me aferro a la ilusión de un cuerpo incierto, indefinido, que me burla y se escapa de mis manos porque ni existe, ni pueda alguna vez existido jamás.
Sueño y sueño, con un alma y un cuerpo, sufro por la ausencia más grande que he sufrido, la ausencia de algo que nunca tuve siendo la única existencia posible capaz de completar mi yo incompleto. Despierto, y quisiera seguir soñando. Sólo soñando olvido la evidente simplicidad de ser sólo la mitad de un todo, la inmensa soledad de ser sólo, teniendo la ausencia de una otra mitad.
II
Años largos y muchos he pasado escudriñando las entrañas de la cosa, animal sin rasgos ni cuerpo pero carroñero; La razón de la bestia que ha consumido hasta el hueso mi ilusión muerta de ser completo. Soy huérfano de manada, de tener una no deficiencia de lo que la manada es no me veo en lo que son, ni lo que son puede verse en mí. Soy víctima de una soledad que no es más culpable que yo, porque la soledad es mía y si pudiese culpar al destino lo haría. Pero que es el destino para ser culpable de no haberme encontrado yo la mí otra mitad con quién compartir la deficiencia que no lo es. ¿Podría culpar a la estupidez humana por la deficiencia que yo no tengo?
Tener la inteligencia de ver la profundidad del alma, no tiene recompensa para las almas manadas, que teniendo la profundidad no conocen la profundidad. Compartir este conocimiento te condena al ostracismo, sólo un loco puede ver lo que no existe para la manada. Buscarlo, porque aun teniéndolo y siéndolo sólo tengo y soy la mitad de yo, me ha traído la conciencia de la soledad sola del humano desierto.
O tedio, es el capítulo XLV de un ensayo llamado Ratos con el viejo O. La primera llave.
Colaboración de Misantrópico
España
