Intentas dormirte un día buscando tantas respuestas que se te acaban hasta las preguntas nuevas (y vas a por las viejas)... Y no sabes por qué sigues comiendo carne, por qué ya no sonríes en las fotos, por qué guardaste los tacones, o como se perdieron las riendas de todo para inmolarte en nada. Te despiertas un día y te das cuenta que tienes que cambiar la sintonía de tu vida. Que la ansiedad te lleva a la depresión y la depresión a más ansiedad, y así sucesivamente, moviéndose en un círculo perfecto el cual no te deja avanzar.
Y ves como en vez de comerte el mundo, te comes hasta las especies de la despensa, y como te quedas estático viendo pasar las agujas y oyendo el tic tac sin inmutarte ni para suspirar de lástima. Que hay sandías sin pepitas, lamidos que saben mejor que besos, que tú no eres a veces, tú eres siempre, que no cantas tan mal (si nadie te escucha...) que después del negro va el gris (y aclarando...) que el tren no pasa una vez sino cada treinta minutos si la RENFE no se retrasa mucho, y que deberías, a partir de hoy, tener en común con la vaca sólo la lechuga.
Colaboración de Nimfa.Georgina
España
