Soy el extraño fantasma de un hombre de lodo. Todo el fuego interno que me habita, reflexiona dentro de mí y se expresa en la desafortunada dinámica de mis versos. Vivimos mintiendo como noveles murtes, creyendo que podemos crear la mentira perfecta; siempre subestimamos los pequeños detalles; a veces pensamos y actuamos como hombres enamorados, pero cuando estoy triste, siempre termino marchándome hacia el rincón del ayer, para no perder por culpa de la necedad de un error, a las pocas personas que amo y que aún me aprecian.
Escribo las reminiscencias de mis huesos, de mi carne y de mi heterogéneo corazón. Escribo con pasión, aunque mi hambruna no conoce lo que es el poder disponer libremente de una onza de oro, gracias a mis versos. Ya no le pido rebajas a Dios ni al destino. Solo el amor parece ser la única esperanza de mi desolada vida y sin el más mínimo futuro, a la vista. Todo lo que me rodea es tedio y desolación. Ya he perdido la fe en las ilusiones y me he decepcionado de la grandeza de los sueños emprendedores. No concibo el pisotear ni el ser pisoteado.
