A media noche desperté,
el lecho estaba frío
cual loza sepulcral,
el viento fuerte silbaba,
y mi voz se perdía en el silencio
de esa noche fantasmal.
¡Te llamé, te grité!
me repetí en mis adentros...
¡no, no puede llevarse
tan valioso corazón
que ha de tirar luego en los
abrojos del olvido!
Te fuiste... El amor no te fue
suficiente, comerás siempre
del árbol prohibido,
se te envenenará el alma,
clamarás perdón y te llegará olvido...
