No le echemos la culpa a la rutina,
ni a la mala suerte,
ni a los golpes sorpresivos del destino,
que el fin de nuestro amor no es producto
de mis malas acciones, ni mis malas decisiones
ni de todos tus caprichos,
no fue por intromisión de terceros,
ni por complot de amor ajeno
que no logramos mantenerlo vivo,
simplemente murió de repente
y lo hizo tan silenciosamente
que ni cuenta nos dimos;
No nos queda más que decir adiós
amigablemente, recordando agradablemente
lo mucho que una vez nos quisimos…
Porque así es el amor,
como nace, muere, y dependiendo
de las circunstancias en que lo hiciere,
algunos hasta han logrado revivirlo,
pero cuando lo hace en las circunstancias
que murió el nuestro es imposible,
necesitaríamos además de un milagro,
mucho tiempo, como más de un siglo,
así que mejor amor mío
lo más sano, lo más sabio, es que sigamos
cada cual nuestro camino…
