Veamos.
Para ser maestro hay que tener clase.
Llegan palabras de aliento en forma de soplo venidero. Aunque a veces no sabemos si estaban ahí o vinieron con el soplo. Y se quedaron para siempre.
El olvido las tapó con el tiempo y el recuerdo se hizo cada vez más reducido. Aunque al acercarnos a ellas cada vez no hubiera habido nunca olvido ni recuerdo alguno.
