Yo era esa alma blanca que en tu regazo dormía, en el pozo de sombras en que tu corazón se convertía yo fui luz.
Yo fui el amigo aquél, que a ciegas te amaba, siendo tu voz el canto que a mis oídos deleitaba, fui no más paño de lágrimas.
Si, fui el amigo aquel que consejos te daba y mientras tus ojos eran vencidos por un sueño profundo, fui almohada.
Y en silencio te ame por cobardía, por el dilema de no ser lo que esperabas, decidí callar lo que sentía.
