Duele verla cuando derrama el dolor líquido que moja sus mejillas y duele ver cuando sus labios tiemblan, ya que demuestra ese tacto sensible que siempre intentó esconder tras una mirada firme y gestos desafiantes.
Duele verla alborotando su cabello sentada en el suelo mientras llora, porque sabe que el el tiempo pasó y lo que amaba murió.
Duele verla, porque no volveré a tocarla. Duele pero le deseo lo mejor. Duele, porque jamás podré despedirme pero ella si se despidió.
Duele saber que el motivo de sus lamentos soy yo y duele más porque ya no estoy.
