Soñé contigo. En la oscuras aguas de mi conciencia, apenas pude ver la luz de tu existencia y me deslumbraste como solías hacerlo. Con tal jubilo que no dude en amarte de nuevo.
Pero mis sucios pensamientos no dejaron hacer el amor, ni una amistad siquiera. Estabas con otra amante, bella y radiante.
Así que la breve felicidad se me esfumó como, así el llanto de tu desamor.
Ya no hay gotas saladas en mis ojos, ni sollozos que resuenan en la oscuridad de mi lecho. Mas sigue latente un dolor que trepa desde mi pecho a mi garganta; asfixiante como el apretón de un atacante. Un dolor que me rebata las horas de sueño y se siente como la muerte.
He descubierto que tu amor es como el veneno de la víbora. En los últimos respiros del alma, la víctima cae en cuenta que está muriendo en el frío y no hay como evitarlo.
