Cual niño temeroso y triste,
el recuerdo me invade y mata,
pues aquel engaño de tu parte,
refleja dolor en mi cara.
Tantos recuerdos,
alegría, tristeza, ilusión,
mas todo ha terminado,
con el gran dolor de mi corazón.
El pasado no se puede cambiar,
y por más arrepentimiento,
ya no puedo olvidar
mis latidos en fallecimiento.
Un grito, un llanto,
fue suficiente para despertar,
¡Yo lo sé! Pues no soy santo,
mas el dolor no debo aceptar.
Desespero, aquí y allá,
mil engaños, mil errores,
mas disculpa ninguna,
y dominados cual peones.
¡Sensatez! Donde estás,
pues se te extraña ya,
¡Confusión! No vuelvas más,
pues lo dañado, dañado está.
