Estoy perdida en este desierto de nieve que congela mis venas, transitando en la acritud de este silencio que se rompe cuando sé que moriré en esta querella.
Y aunque sé que:
Devorarás mi piel, te comerás mis huesos, pero mi alma y corazón ya tienen dueño.
No puedo resolver este asertijo esfinge, impúdica, que con tu deidad pretendes escarnarme.
Soy fugitiva en el remolino, voy como gacela emigrando de su rebaño, y consigo refugio en esta primavera tibia donde el amor parece inexhaustible y la pasión de los amantes es la fuente de combustible de la sátira elemental del fuego que la enciende.
