Ahí habitaron los extraños de destinos enlazados,
Un hombre frívolo de corazón de oro,
Una mujer mesurada sin corazón de nada.
Eran extraños con nada en común,
ni paciencia o sapiencia,
Destinados a encontrarse,
seducirse, y odiarse,
Ahí habitaron esos enemigos acérrimos,
Que no hallaron si besarse o asesinarse.
