Todavía frecuento aquellos lugares a donde solíamos ir, aún recuerdo las palabras que dijiste, tu manera de mirarme. Las cosas por las que reímos, los momentos que compartimos. Lo recuerdo y una efectiva nostalgia invade todo mi ser, impregna mi piel mientras observo los instantes que cada vez parecen más lejanos. Aun veo tu rostro en la gente, aun miro tus ojos en la negrura de la noche, aun siento tus caricias cada vez que me toca el viento.
Si querido, todavía escucho esa canción que me sabe a café y a ti, que huele a dulces noches de invierno, pero que amarga como la hiel. Me siento tan frágil como todo y como nada. Aun me lleno la mente de recuerdos, de pasado. Aun me envicio la vida contigo, pierdo la cordura cada que te miro en esa vieja fotografía que aún conservo de ti. Ojala enloquezca o muera pronto. Estoy seguro de que pronto va a suceder algo. No es posible continuar así, tan sola, viviendo y llorando. Y en resumen ¿Qué quiero? Ah, no sé, no sé. Tal vez no quiero nada. Pero un gran vacío, un bicho que es vacío me muerde. Siento que me duele el corazón. Desde que te fuiste, huracán, dejaste mi vida sin un presupuesto de reconstrucción, te lo llevaste todo. Sí, tú fuiste el huracán, los demás solo han sido lloviznas.
