En un lóbrego rincón de mi alma
está tu vil recuerdo acechando,
como una bestia salvaje cautiva
¡que revuelve sedienta en su claustro...!
Lo cargó mi rencor de cadenas,
con cien llaves y cien férreos candados
y un ejército de ínclitas penas
¡lo mantienen en lo hondo apresado...!
Mas, revienta de noche las rejas,
uno a uno los barrotes forzando
y, trepando los muros cual hiedra,
¡se introduce silente en mi cuarto...!
Reina allí, en las horas oscuras,
sobre el pobre bastión de mis párpados,
mientras aviva con manos lascivas
¡los placeres que juntos colmamos...!
¡Cómo hacer para olvidar las dulzuras
de un amor que fue casi pecado,
si no puedo cerrarle las puertas
que lo dejan volver a mi lado...!
