Cómo duele saber que un día amé,
entre besos y caricias me perdí,
tuve ganas de correr y no me alejé.
Llegué al final de una noche sin rumbo,
me abandoné y a Dios le supliqué
que mis ojos no volvieran a llorar.
Viviré en el respiro de este agitado corazón,
cada minuto abarcara la herida de no tenerte,
porque entenderlo es morir sin saberlo.
Si olvidara tu nombre lo escribiría en un lienzo,
y en él plasmaría las lágrimas sobre mi piel,
decaería mi pincel, si empezara a enloquecer.
Caminaré cual alma solitaria,
buscando tus recuerdos en mi almohada,
lloverá, y en cada gota de agua te reflejarás.
Cada noche, cada tarde, me sentaré en tu balcón,
abrazaré mi alma, pensaré en tu ausencia,
te recordaré, te imaginaré
y en mi mente te llevaré.
