Parada frente a mí, tus manos apoyadas sobre mis hombros, mis manos treparon ansiosas por tus piernas, apretando firmemente la turgencia cálida de tus nalgas. Te inclinaste en un mudo decir, rodeándome luego con tus brazos en un abrazo fuerte lleno de un amor confeso en el silencio, sé que no me deseas como a otros, que no te genero la pasión urgente de ser poseída con el frenesí que te enciende. Soy para ti como un río profundo cuya corriente oculta allá en el fondo, la paz que llena el alma, te sabes amada porque lo siento, tus ojos no lo niegan, tampoco el dejarte acariciar con la ternura que anhelas.
