Fuiste el mejor tango
y el peor remedio
para una enfermedad
tullida y sin cura.
Piruetas y saltos
en tardes de penitencia.
Fuiste soplos silenciosos
del frío viento
que se interpone
entre dos soledades
que bailan
y se retuercen
como torpes enemigas
al ritmo de latidos.
Fuiste origen
y, más tarde,
retorno al fuego
por la frágil carretera
de cristal que moldea
tu jolgorio,
oh atrevida.
Pero, descaradamente,
cambiaste la ruta;
y de lo que fuiste
no queda más
que el recuerdo
y estos versos
que hoy crucifico.
