En la encrucijada de Dios, construyendo un edén, sin denuedo; inconscientemente se abre un infierno, que subyace en la columna vertebral, permitiéndote en olvido, una puerta a lo desconocido, purgar culpas, fijar el rumbo en una región paralela, que ya no se oculta a sí misma, precipicio.
Los amaneceres: todos; interpretar al ser en plenitud, con la idiocia aturdida, (caer) para levantar hullas en pedazos, (caer) para sentir la sacudida, terremoto, (caer) para buscar la hoz de tus valles, vivir el instante.
Colaboración de cheque
México
