Llegará el momento en que cada ser humano se percatará de la importancia de su creación en el mundo por parte de Dios, muchas veces pensamos que eso de la creación es una tontería, que el sacrificio de Jesús de morir por los pecadores es una gran “pendejada”, sin embargo otros entendieron que la gran obra del “Amor Celestial” no ha sido bien entendida y pésimamente explicada.
Dios no necesitaba crear a nadie, lo hizo por la necesidad de amar, un misterio que solo se comprende cuando se vive amando, los teólogos tratan de explicar este fenómeno de amor que no ha llegado a la gente común con la fuerza que se requiere.
Muchos santos y mártires lo comprendieron y lo dejaron todo por seguir la obra amorosa de Dios, pero verdaderamente la soberbia humana hace creernos por encima del Creador, desde el Antiguo Testamento, Dios nos ha indicado el camino para que disfrutemos de manera adecuada y acertada todo un universo, lo hicimos pero al revés, nos corrompimos, desobedecimos y muy poco hemos asimilado de los profetas y apóstoles, nos consume la vida material, nos creemos eternos, llegando incluso a pensar que los que mueren son los demás y que a nosotros jamás nos llegará ese momento.
La misericordia de Dios ha sido pesimamente entendida, llegamos a la conclusión de que podemos ir por el mundo amargándole la vida a todo mundo, nos llenamos del estiércol de pecado y a última hora nos “arrepentimos” para ganar la vida eterna. Teológicamente la vida eterna es la misericordia, es la disposición a no ejecutar la justicia cuando ésta es punitiva, el acto de condonar un merecido castigo.
Debido a nuestra pecaminosidad merecemos la muerte y eterna separación de Dios (Rom. 6:23; Isa. 59:2), pero el mismo Dios proveyó la expiación por nuestro pecado, y de esa manera nos mostró Su misericordia. Es decir que Dios no entrega al cristiano a la consecuencia natural del pecado de éste, la cual es la condenación. Es por la misericordia de Dios que Cristo "se hizo pecado" en nuestro favor (2 Cor. 5:21) y cargó sobre Sí el castigo que merecíamos (Isa. 53:4-5). De este modo, nos salvó de la condenación.
Dios nos salvó según Su misericordia (Tito 3:5) y se nos llama a practicar nosotros mismos la misericordia, como un don de Dios (Rom. 12:8). "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:16).
La explicación teológica es la siguiente: Según la Justicia, Dios distribuye justísimamente a todas sus criaturas lo que les corresponde según la naturaleza que El mismo les ha dado. Pero según la Misericordia, la criatura no merece nada, sino en virtud de que Dios le ha dado previamente todo (desde su misma existencia), y se lo ha dado gratuitamente.
La Misericordia Infinita de Dios va más lejos que la Justicia, porque Dios otorga a las criaturas muchos más beneficios que los que justamente les corresponde.
“Dios, al obrar misericordiosamente, no actúa contra sino por encima de la justicia. Ejemplo: Si a quien se le deben cien denarios se le dan doscientos, quien hace esto no es injusto, sino que obra libre y misericordiosamente. Lo mismo sucede cuando se perdonan las ofensas recibidas”. (Suma I, 21, 3)
“También en el hecho de que los justos sufran en este mundo aparece la justicia y la misericordia. Pues por tales sufrimientos se les limpian pequeñas manchas, y el corazón, dejando lo terreno, se orienta más a Dios. Dice Gregorio: Los males que en este mundo nos oprimen, nos empujan a ir a Dios”. (Suma I, 21, 4).
Que nobleza de Dios, a pesar de nuestros pecados que nos hacen negro como el petróleo espiritualmente, su amor traspasa cualquier barrera para que nosotros podamos estar a su lado para siempre. Nosotros pecando y Él perdonándonos, hasta que caigamos en cuenta que a pesar de no ser dignos de nada, la luz de Dios, nos ilumina para siempre. Pedro y Pablo fueron los grandes iluminados de Dios.
reflexión cristiana
Colaboración de Oscar Rivas
Venezuela