¿Y si el mundo se acaba? ¿Qué será de nosotros? Así le escribí y ella sin duda alguna me ignoró una vez más y, aunque ya lo sabía, no quería aceptarlo porque cada noche que pensaba en eso las lágrimas se volvían mis hermanas, amantes que me recorrían de pies a cabeza con la única intención de unir los pedazos que ella aun regaba con sus mentiras y que solo faltaba que se volvieran polvo o se convirtieran en cenizas para que el viento del olvido se las llevara para siempre.
Colaboración de Cmontoyap
Colombia
