Hace mucho que no hablo contigo. No es gratuito; créeme que todo lo que he hecho en mi vida tiene una explicación. Me recuerdo aún muy pequeña en medio de situaciones incomprensibles para mí. En ese entonces, yo tenía fe en ti; sin embargo, acontecieron cosas tan dolorosas que me obligué a dejar de creer en todo lo que implicaba “confianza”. Sencillamente, no entendía por qué todo aquello que poseía mi amor era lo que más me lastimaba. Nunca entendí por qué preparaste para mí un camino tan complicado.
Hubo momentos en los que quise desertar; hubo noches tan grises que dudé de la existencia de las estrellas y de otros cielos; hubo días en los que me sentí tan olvidada que decidí olvidarme de todos; dejar de tener tanto tacto; creer en sólo aquello que pudiera percibir con mis 5 sentidos y, entonces, decidí dejar de contarme el cuento de “Dios”. Quizá por esa razón en este momento, después de 15 años me siento hipócrita tratando de reconciliarme contigo.
Quiero decirte que ha habido mucha gente que ha tratado de ayudarme para acercarme a ti, pero, honestamente, tienes una hija muy necia. No me gusta que me digan en qué creer y en qué no creer. Sin embargo, heme aquí, abriéndote una vez más mi corazón. No sé en qué nos quedamos. La última vez que hablé contigo, yo tenía 9 años y sé que es imposible revertir el tiempo; pero siendo muy franca, me gustaría mucho estar ahí, nuevamente, parada frente a la ventana, contemplando ese cielo tan precioso, tu luna como dibujo del artista más ambicioso y tus hermosas estrellas que parecen brillantina finamente pegada en una cortina de terciopelo.
Estoy en un dilema, ¿sabes?; estoy en un punto crítico y ya tengo claro qué es lo que quiero.
Hace dos años conocí al hombre que más he amado y con perfecto detalle logró recordar la primera vez que vi sus ojitos coquetos, recuerdo su mirada persistente que me decía: “nótame”, fue muy difícil evitarlo porque desde el momento en que se atravesó en mi camino supe que algo habría entre nosotros. Hay lugares y momentos que uno no olvida y mi realidad es que no logro borrar de mi mente cada minuto que pasamos juntos. Me acuerdo de nuestro primer día de novios. Desde ese momento, lo amé… Sí, muy pronto, muy tonto, pero lo quise en pocos instantes porque pensé que ninguna persona almacenaba tanta bondad.
Esa noche el aire se respiraba fresco como nunca lo he vuelto a respirar. Me sentí feliz y comenzó a formar parte de mi vida y cada momento posterior fue mucho mejor. Me esperaba en casa siempre que regresaba de viaje y fue lindo saber que siempre vigiló mi regreso. No obstante, que lo quise mucho, debo decir que nos lastimamos mucho. Hoy no puedo decir, sin sentir vergüenza, que ambos tuvimos la culpa. Tengo que decirte que no me interesa raspar más mis heridas; me queda claro que debajo de las costras hay más sangre; pero también debo decir que duele mucho, me duele mucho...
Una vez más me siento como hace quince años, me siento decepcionada; pero no quiero reprocharle a nadie, ni a mí, ni a él, a nadie... Porque nadie tiene la culpa. Sin embargo, quiero confesarte que tengo muchos deseos de lastimar, de vengarme y sé que eso no es bueno… Tengo ganas de herirlo con la fuerza que él lo está haciendo conmigo; pero esa no es la solución. Hasta hace unos minutos pensé en cambiar radicalmente para que él se percatara de lo tonto que ha sido conmigo; pero no quiero vivir dedicándole mis acciones a alguien que no me dedica las suyas. ¿En qué momento caí tan bajo?, ¿en qué momento mi alma se oscureció tanto que hoy me desconozco? yo no soy así. Yo soy luz y dicha, yo soy amor y placer, yo soy hermosa y mi imagen es oscura porque mi alma se está enmoheciendo. Así me siento.
Por eso quiero pedirte un poco de ayuda; te pido ayuda porque me siento débil; me siento vulnerable y me siento triste. Dame fuerza para sacar todo lo que está podrido de mi vida; por favor, dame la fortaleza para perdonar y perdonarme. Dame humildad y quítame la soberbia que me caracteriza. Dame la humildad para recibirlo como “otro hijo tuyo”, sólo así. No quiero verlo y sentir tristeza, enojo ni dolor. Quiero verlo y saber que sólo es otra persona que pisa mi camino porque entronca con el suyo, pero que no lleva mi mismo rumbo. Dame esa sabiduría para entender y respetar las decisiones de las demás personas, incluyéndolo. Dame luz y guía mi camino; sé que ya nos falta poco.
Composición en un momento de delirio de tristeza.
Colaboración de Yolandirri
México