Ayer no podía dormir, estaba muy intranquila y solo pude pensar en mirar por mi ventana, realmente no sabía por qué estaba tan preocupada, simplemente no sabía qué hacer. Bueno, caminé descalza por el piso frío de mi habitación tratando de no hacer ruido. Acerqué mi mano hacia la cortina y la aparté hacia un lado para poder ver a través del vidrio.
Creo que me quedé tan asombrada con esa vista de la noche que me acerqué demasiado, tanto que empañé una parte del vidrio con mi respiración. Tuve que abrir mi ventana, tenía la necesidad de ver por fuera del vidrio. Poder sentir el viento frío contra mi rostro. No me contuve y abrí la ventana abruptamente que chocó contra la pared. Por un momento pensé que había despertado a mi madre o a mi padre. Tal vez a mi hermana, pero por suerte no desperté a nadie.
Saqué mi cabeza por la ventana y sentí el aire con un aroma a césped recién cortado. Flores y el olor del mar. ¡Oh dios! El olor del mar, me invadió una tormenta de recuerdos de mi niñez. Recuerdos, no pude contenerme y dejé caer unas cuantas lágrimas pero trate de sonreír, en serio, no sabía por qué estaba tan susceptible en ese momento.
Estuve tres horas mirando por mi ventana escuchando el llanto de los grillos, el ladrido de un perro que se escuchaba a lo lejos. Algún que otro carro que pasaba, algunos susurros de enamorados confiándose secretos, los árboles que se movían por el aire y el crujir de las hojas cuando una persona pasaba sobre ellas.
Estaba inundada de tristeza. Sigo sin saber por qué. ¿Por qué me pasó eso? ¿Por qué estaba tan sola? ¿Por qué me sentía tan sola? Si sabía que había personas que me acompañaban durante esa noche. Pero pensé en ese momento que estaba sola y creo que es cierto. En esta vida uno está solo pero esta vez la noche me acompañaba.
En ese momento la noche era mi única amiga, mi confidente, decidí tratar de contarle a la noche mis penas, mis problemas y ella me escuchó. No me interrumpió, no me juzgó, simplemente me respondía con el aire frío que pasaba entre mis cabellos.
Después de contarle todo, sentí paz. Una inmensa paz, una tranquilidad absoluta pero sabía que al amanecer, todo volvería a ser igual. Nada iba a cambiar, nadie iba a cambiar lo que ya había pasado.
Colaboración de Lou
Perú
