Porque a pesar de que dices amarme, siento tan vacías tus palabras, tan huecas, tan carentes de ese ensueño y fascinación que hacían vibrar cada centímetro de mi piel, esta piel que ahora extraña el roce cálido de tus tersas y delicadas manos, las caricias tímidas y frágiles, el tacto constante que recorría cada rincón de mi cuerpo plagado de sensaciones indescriptibles.
Pero eso ha quedado en el recuerdo de mi mente, que desvaría con tan solo escuchar el eco de tu dulce y armoniosa voz, que con tan solo una palabra podía transportarme a lugares maravillosos, mágicos, llenos de misteriosos encantos, que ahora no logro reconocer, no logro imaginarlos, porque tu voz se ha apagado con una mentira de amor.
Colaboración de Edgar Cesar Ochoa Salinas
México
