Hoy me detengo a mirar a través de mis vidrios empañados y ahí las veo, mis pequeñas, mis niñas. Todavía las distingo, pronto la neblina habrá cubierto mi memoria, será inevitable, y solo habrá oscuridad, se habrá cerrado la ventana de los recuerdos.
Entonces ya no tienen sentido las cortinas, los vidrios, da lo mismo cerrarla o dejarla abierta ya no habrá nada que ocultar, solo el vacío del silencio. Mis ojos se habrán cerrado estando abiertos, solo caminaré sin tropezar y mi camino no tendrá regreso y caminaré sin saber si avanzo o retrocedo.
Será muy triste pero tampoco existirá la tristeza. Hoy aun me queda alegría y un día más para sonreír, llenarme de luz de sol, embriagarme en el perfume de una flor, admirar la danza del pequeño y bello picaflor, respirar profundo porque estoy aquí. ¡Existo! Y llenarme el alma recordando sus sonrisas o una sonrisa cualquiera que me sonría.
Mirar hacia el infinito y perderme en la nebulosa del azul inmenso, movilizarme en la libertad de mis alas imaginarias, presenciar cómo aclara la alborada, sentir cómo me envuelve la brisa de un nuevo día y dejarme atrapar por la energía de algún sueño que aun suspira en mi silencio, llenarme de música del trinar de los pájaros y embarcarme en la libertad de su amplio vuelo.
Esperar con serenidad que la magia de la tarde me atrape y antes que la penumbra cubra mi ventana, recordar sus sonrisas, llenarme de luz y que la noche me cubra, que también dentro de ella hay magia, hay vida.
Colaboración de morena monte
Argentina
