Ahora sé que le quiero, entendí que lo que siento por él es algo fuerte, algo inexplicable, verlo allí después de tres días de no saber nada de él, y verlo así, con la cara destrozada, con golpes en el cuerpo, fue lo peor, es un dolor extraño el que sentí por todo mi cuerpo al verlo, entendí que le quiero porque aun cuando parecía un zombi, para mí era hermoso, era como un ángel que volvía a nacer; sentí que una daga atravesaba mi corazón en el momento que una lágrima bajaba por su cara, atravesando sus heridas, pero ¡Ey! Esta lágrima duele más que cualquier golpe, verlo así, tan perdido, tan confuso; sentirme impotente, por no poder hacer nada, saber que se marcharía y que tal vez esa era la última vez que lo observaría tan cerca, sentir sus labios tan cerca de los míos fue estúpido, saber que sería la última vez que sentiría eso,
sentía rabia conmigo misma por tratar de ser tan correcta y pensar siempre en los demás y no pensar en mí, por hacer las cosas sin dañar a nadie, y entonces me marche, lo deje con mi corazón, mientras caminaba, por mi mente pasaban tantas cosas, mi locura le hacía tantas preguntas a mi razón; -¿Por qué no lo hiciste cuando lo tenías?, ¿Por qué pensaste en los demás y no pensaste, que tal vez tenías que luchar por él?- pero ya todo estaba hecho, ya no podía devolver el tiempo, ya nada sería igual, él se iría y tal vez nunca volvería, pero esto es una simple historia, una historia de amistad o tal vez de amor, o de algo más fuerte que estas dos, que hasta ahora empieza.
Colaboración de Wendy López
Colombia
