La música, hermosa dama que amo bajo las noches estrelladas,
ah, locutora de mis cinco sentidos.
Eres tan simple cuando se trata de componerte,
no pides nada y siempre alegras mis oídos.
Culpable de mil sonrisas y culpable de mil llantos.
Enamoradizos cantos creados por tal inmaculada inspiración.
Tu movimiento es único entre mil millones,
y tu destreza es lo que muchos y yo denominamos “perfección”.
Colaboración de Mateo Miranda
Uruguay
