Entonces, cuando lo vi, ya no pude reaccionar... sin pensarlo corrí a su lado como una niña chiflada... sin pensarlo, lo abracé, él me esperaba con los brazos abiertos... me sonrió con sus ojos llenos de lágrimas, ¡al parecer él también me había extrañado tanto como yo lo extrañe a él!
Nuestro abrazo fue cálido, en sus brazos me sentí feliz, ¡volví a sentirme viva de tan solo escuchar su linda voz pronunciando mi nombre! ¡Tantas veces lo había deseado y por fin, después de mucho tiempo podíamos estar juntos!
Volver a ser los mismos de antes, volver a reír como niños pequeños, después de tantos meses volvía a ver la luz de su mirada y eso me hacía sentir en las nubes, por primera vez en mi vida valoraba tanto su presencia, su cariño su atención, su tiempo, su vida, mi vida, nuestras vidas...
Agradecía al cielo hasta más no poder, de darme la oportunidad de volver a tenerlo frente a mí, y entonces, ahí en sus fuertes y cálidos brazos lloré como una niña desconsolada, lloré por el pasado, por el presente y por el futuro, lloré por todas esas veces que lo necesité, ¡por todas esas mañanas que no quería más que salir corriendo e ir a buscarlo a su casa!
Con sus suaves manos tocó mis mejillas, me miró de esa forma en la que me vuelve loca, y me prometió que nunca más me volvería a dejar sola, me dijo que siempre estaría conmigo... entonces, desperté.
Pues es un escrito que hice pensando en alguien que quiero demasiado, y que hoy no está conmigo.
Colaboración de Yazmin Mireles
México
