Tu rostro símil a un cometa,
símil al color del universo
y de la enigmática sonrisa de la luna,
eres color que pinta y borra,
luz que enciende y apaga,
felicidad infinita.
Tu nariz blanca como la harina,
como las hojas,
incluso como una nube.
Tus labios rojos como las rosas,
como mi carne,
como la sangre,
como capitán decapitado.
Tus mejillas rosadas como la felicidad,
como mis páginas,
mi música,
mis vestidos.
Tu voz como melodía de piano,
siempre callado,
siempre intangible,
sin aire, sin ruido.
Tu felicidad símil a todo lo palpable,
a todo lo perfecto,
como vida, como vejez.
Colaboración de Milena Cristiano
Colombia
