Buscarás la manera de llegar a vivir en ese círculo, lucharás en contra de suficientes cosas de las cuales no te alejarás, seguirás rodeado de tales cosas y seres particulares, y piensas que seguirás sin problema. Arriesgas demasiado, pero no te importa. Si sigues a tu corazón crees que todo saldrá mejor. Crees que es fe; pensar que el corazón no comete errores y todo lo decides por corazonadas. Te das cuenta de los errores que cometes pero los justificas con lo que tu corazón siente. Tienes una vaga esperanza nada concreta de que al final recibirás lo que buscas por haberte mantenido firme por el sendero que te marcó tu corazón; ese camino por el cual has estado sufriendo alegrías junto con tristezas.
Nadie te está llamando, nadie te está desviando, tú y tu corazón buscan una dirección que nunca se escribió, tu confianza está en los sentimientos de tu corazón y el corazón confía en sí mismo, tú sabes que se puede equivocar, pero no te importa, no demasiado, por el momento te sientes bien y deseas seguir así.
Un día aceptas los grandes errores que junto a tu corazón atesoraste... errores que viviste, errores que no dudaste en cometer y los tomaste de frente y sin titubear. Lo hacías por cómo te sentías.
Tu corazón te llevó a lugares que tu mente no imaginó llegar a ver. Tal vez te arrepientes pero no del todo, te ciegas y le reclamas a tu corazón y él te ignora, y tu mente te habla y te dice: “Tú sabias lo que debías y lo que no debías hacer, nadie más que tú eres culpable”. Y tú aceptas esa cruda realidad. Llegas a pensar que no confiarás en el corazón de nuevo, pero eso es algo imposible.
Cuando menos te das cuenta estás en la jugada de nuevo...
Apostando a perder
Colaboración de Christian García R.
México
