Como siempre, es muy grato leerlas. Es la luz que ilumina mis días a veces oscuros, solitarios. Hoy responderé a este mensaje que refleja tantas de mis noches. Tú escribiste "Llega la noche, solo, solitario aquí en mi corazón, la soledad asoma, todo funciona, mi alma está sola. Otro día termina en mi alma confundida, otra vez la noche vacía y tranquila. Dónde estás vida mía, dónde que no te respiro. Quiero decirte, por medio de mi vida, que te esperaré toda la vida. Duerme tranquila con tus ojitos mirando el olvido. A Dios le pido estar contigo amor de mi vida, amor mío".
La noche, aquella que nos invade con sus estrellas, su silencio, su soledad. Noche interior. Aquella que nos lleva hacia lo más profundo de nuestro interior, en donde nos vemos cara a cara con nosotros mismos, nuestros anhelos aun no satisfechos, nuestras esperanzas que sobreviven a cada dolor de la vida y a las que nos aferramos porque son nuestro motor de vida, nuestros sueños, aquellos sueños que nacieron en la infancia, crecieron en la adolescencia, maduraron en la juventud, se estancaron en ocasiones en la adultez y renacen en este momento.
Comenzamos a entrar en una etapa que muchos temen: la vejez. Sí, la vejez, pero yo sigo con sueños de joven, deseos de adolescente y energía de juventud, mis sueños son fuertes, firmes, alegres, esperanzadores, quiero ser una vieja, anciana feliz, alegre, que pueda decir “hice todo cuanto soñé hacer, cumplí cada sueño que tuve, puedo decir que he sido feliz”.
Lo único hermoso de todo esto es saber que el escultor del tiempo te demuestra y deja ver quién eres, desde el día que naciste empieza a morir, la noche de la vida, la vejez, la espero y no la detendré con cirugías y demás, le dejaré que se apodere de mi cuerpo, mas no de mi alma, luciré orgulloso esas canas que llegarán para mostrar mi sabiduría, las arrugas que mostrarán mi devenir, la lentitud de mis pasos que me invitarán a pausar mi vida después de haber corrido toda una vida.
Y lo mejor, mi sonrisa. Sí, porque sonreiré más que nunca para mostrar mi felicidad de haber sido parte de este mundo y que cada persona que conocí se llevó un pedacito de esa sonrisa y podré decir “fui feliz, soy feliz y seré feliz hasta en el más allá”.
Colaboración de Mandrade
Chile
