“Siempre” es una expresión que me gusta más que “nunca”.
Creo que siempre he sentido tanta debilidad por las curvas
femeninas como cualquier hijo de vecina…
sin embargo, si tomamos la belleza de tus formas combadas
y agregamos la agudeza de tu inteligencia,
tu coquetería natural y la fuerza de tu alegría genuina,
el resultado es terriblemente contundente,
casi intimidante: Tú.
Por todo eso y más,
para mí fue imposible no enamorarme de ti.
Y ésa es sólo una de las razones por las que me dejabas sin habla
cada vez que nos besábamos,
nos abrazábamos y dejabas que mis manos se deslizaran
desde el final de tu espalda hacia la ondulación de tus caderas,
hasta palpar la firmeza de tus nalgas.
Y creo que, también por todo eso,
me ha sido imposible olvidar la forma en que entreabrías
la boca y yo rozaba tus labios con la punta de mi lengua…
y luego mis labios se movían sobre los tuyos
dibujando caminos de placer y tú me correspondías
apretando tu cuerpo contra el mío,
mientras te hacía sentir la presión de mi miembro erecto
contra tu talle, por encima de tu ropa.
Otra de las razones por las que me ha sido imposible olvidarte
es la forma en que, a veces,
tomabas y apretabas mi miembro viril con una de tus manos,
por encima de mi pantalón,
provocándome sensaciones inesperadas
e insoportablemente placenteras.
Por todo eso y más,
me niego a creer que todo entre tú y yo
haya llegado al final de manera tan abrupta…
no obstante, como amar es buscar el bienestar del otro
y yo te amo profundamente,
¿cómo podría desear para ti,
algo que no procure tu bienestar?
Además, “uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser”.
Máxime, que para amar no es necesario tener físicamente
a la persona amada…
¡aunque eso es lo deseable!
