Recuerda aquella noche, noche oscura y solitaria en la que nuestros cuerpos tiritaban por el valiente soplo del viento de ese invierno tanto esperado.
Aún recuerdo la imagen de tu rostro, tenías el aspecto de una niña asustada, y era de esperarse porque esa noche sería tu primera vez.
No pudimos resistir la pasión de aquella noche, comencé a besar tu cuello hasta llegar a tu cintura, la bella y deseosa silueta de tu cuerpo despertó en mí una excitación incontenible.
Tu hermosa desnudez despertaba dentro de mí la lujuria que siente un hombre hacia una mujer ajena, a medida que admiraba la belleza de tu cuerpo desnudo, jugueteabas con tus prendas de vestir como una niña pequeña.
Recuerdo la imagen de tu rostro enrojecido, tus labios color violeta como una uva, la sensualidad de tu cuerpo pálido.
Al tenerte frente de mi no pude resistir las ganas de besar, acariciar cariñosamente cada parte de tu cuerpo.
Lentamente te llevé hacia la cama, mientras besaba tus labios. Acaricié tus senos fijos y firmes, comencé a morder tus caderas y baje a tu entrepierna, sentí perder la noción del tiempo al poner mi boca en tus labios menores.
Después de que nuestros cuerpos desnudos chocaron el uno al otro, la llama de amor que siento por ti estalló como un soplo en la oscuridad.
Al terminar el acto erótico te referiste a mí diciendo que esa noche había sido inolvidable, que te sentías emocionada porque con la persona que amas había sido tu primera vez...
